Sangre fría para leer a Truman Capote

La sensación que uno tiene al terminar un libro suele variar respecto a la que siente cuando investiga sobre él. Cuando el catorce de noviembre de 1959 no es sólo una fecha más, el nombre de Perry no es sólo el de un famoso letrado de una serie televisiva, o Truman Capote deja de ser únicamente un autor sin rostro o personalidad, es que un libro no ha pasado sólo por nuestras manos, sino por la mente, dejando estragos en ella. La elección de esta palabra, “estragos”, no es casual ; significa daño, matanza, destrucción. Tres vocablos ligados íntimamente a la historia de los Clutter, de los cuatro miembros de una buena familia que fueron objeto de un crimen espeluznante en una noche de 1959, a manos de dos asesinos sin escrúpulos, Perry Smith y Dick Hickock. Truman Capote escucha la noticia del asalto y se embarca en el seguimiento del caso, del que se tardará un tiempo en descubrirse a los culpables. Decide comprometerse con el tema, consigo mismo y con el “arte que veneraba” para crear un libro distinto de cualquier otro escrito jamás.

La búsqueda de lo diferente era característica innata a Truman. De él mismo llegó a decir : “nunca hubo nadie como yo, y no habrá nadie como yo cuando yo me vaya”. Todo ello nos lleva a encajar perfectamente que persiguiera con esta historia la consecución de la Obra Maestra, el reconocimiento y la alabanza. Pero su esfuerzo le costó : apenas pensaba en otra cosa, le obsesionaba, hasta dormía con su libro, y tenía pesadillas horribles. “Aquellos tipos y también la ciudad, Garden City, empezaron a apoderarse de él” – declara un amigo. Sin embargo, en A sangre fría, el libro que definitivamente concluyó seis años después del crimen, nada de esta obsesión puede intuirse. Es toda una sorpresa descubrir que Truman llegó a tener una relación estrecha con los asesinos, a los que visitaba periódicamente, y que fue él el periodista del que se habla en el libro el que los vio morir en la horca el catorce de abril de 1965. El lector desconoce el grado de implicación personal y emocional de Truman quien, además, era contrario a la pena de muerte. Finalizarlo no acabó con el desasosiego de una persona de por sí, inestable, sino que, más bien acabó con él, legándole un pensamiento devastador : “la vida es insignificante. Todo existe, nada tiene valor”, diría después de “liberarse” teóricamente del tema.

Esta última cita nos recuerda al pensamiento de Lee Andrews, uno de los presos que compartía “la Hilera de la Muerte” con Dick y Perry y que no tenía ninguna estima por la vida humana, ni por la suya, ni por la de los demás. Pero no era éste hacia quien Truman Capote sentía una cierta identificación, sino con Perry, con el que coincidía en la escasa estatura, la difícil infancia, la tendencia a refugiarse en el arte… Ello puede materializarse en el comentario que, según la biografía del autor que hizo Gerald Clarke, Truman Capote realizó cuando Perry se sentó en el banquillo en su comparecencia ante el juez : “Fíjate : no le llegan los pies al suelo”. Su compañera lo interpretó como “un flechazo” y es más, cuentan que ambos “se miraron y vieron, o creyeron ver, al hombre que pudieron haber sido”. Por otra parte, es posible que Truman compartiera rasgos con Dick, del que también se hizo amigo. Al menos parece ser que los dos “lo tenían todo en la cabeza”, es decir, poseían una memoria extraordinaria que, en el caso del célebre autor, condicionaba su forma de trabajar. Y es que Truman Capote nunca tomaba notas : pensaba que ver un bloc o un magnetófono cortaba la espontaneidad y haría que la gente no se mostrara tal cual era.

“A sangre fría” era el libro de mayor envergadura al que se enfrentaba. No sólo quería escribirlo, sino que también pretendía presentarlo como el modelo de un nuevo género creado por él: la nonfiction novel. Lo escribía como si fuera una novela pero, en lugar de sacar los personajes y las situaciones de su imaginación, los tomaba de la vida real, porque, según Truman, el relato no imaginario podía ser tan ingenioso y original como la pura ficción. Se partía del reportaje y de la convicción de que el periodismo podía constituir una opción válida como forma literaria, pero se huía de su horizontalidad para profundizar de modo vertical en los personajes y acontecimientos. A Truman se le atribuye la paternidad del Nuevo Periodismo, que trataba de reformarlo en su estructura y lenguaje. Así, dentro de los límites de lo “impecablemente verídico”, como alardeaba Truman, había espacio suficiente para utilizar otras técnicas, como las del cine – y sus luces e imágenes – aprendidas al ser guionista cinematográfico ; para recrear largas conversaciones ; utilizar prolepsis (anticipación de hechos, como cuando se anuncia a los Clutter, abocados sin saberlo a un destino fatal) y otros recursos ; e incluso para penetrar en la mente de los personajes y contar lo que piensan. El autor debía ser omnipresente : participar de todo pero no hacerse visible en nada y con ello, servir de testigo de la vida norteamericana de aquellos años.

Pero la “novela periodística”, que para Truman poseía la “credibilidad de los hechos, la inmediatez del cine, la hondura y libertad de la prosa y la precisión de la poesía” no siempre fue aplaudida por los mejores literatos. Su nuevo género fue blanco de numerosas críticas : ¿se trata realmente de algo nuevo ?¿es literatura ? – se cuestionaban, por lo que parece que su triunfo no fue completo.

En cualquier caso, Truman Capote quería escribir hechos y no ficciones, y eso fue lo que hizo. Marcó una época y su obra ascendió al título de “maestra” como era su propósito. No deja indiferente ni pasa desapercibida, ya las tres palabras con que se titula constituyen un reclamo, y su lectura se puede convertir en lo que para Truman fue escribirlo, algo obsesivo. Para leerlo hay que tener sangre fría porque no es una mera crónica de un crimen espantoso. Es mucho más. Es delirante a veces, repugnante otras muchas, sorprendente, estremecedor, ambiguo. El autor consigue con el trato y las descripciones de los personajes que asesinos merezcan compasión e incluso resulten casi simpáticos. Consigue elevar el tema a la tragedia griega y hacer así una americana en la que no sólo sufren los protagonistas sino su propio autor que, en cierta ocasión, confesó : “Nadie sabrá nunca lo que A sangre fría se llevó de mi”. Lo que si sabemos es lo que dio de él.

Ficha técnica

Título “A sangre fría”
Autor Truman Capote
Clasificación Nonfiction novel
Editorial Club Bruguera
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