“Noviembre”: un arma cargada de futuro… o no

Dice una canción que todos los finales son el mismo repetido. La película “Noviembre” no podía escapar de su final. Los rostros de los miembros del grupo de teatro de calle “Noviembre” no llegarían a verse en el espejo con nariz de payaso y arrugas otoñadas. El sueño se desvaneció – se destruyó – antes de que dejaran de ser jóvenes.

Achero Mañas es el director de una película subversiva que grita contra el inmovilismo. El ruido lo provoca una compañía de teatro de calle formada por jóvenes que comparten amistad y valores. Se constituye sobre unas sólidas bases: no cobrar nunca por actuar, promover la participación del público y provocar en la calle, y a la gente de la calle. Sin embargo, al espectador de butaca también consiguen zarandearle, incluso golpearle para que reaccione. Hay espectáculos que nos hacen reír, otros causan sorpresa y algunos incertidumbre. Se trata de una incertidumbre provocada por la duda, podríamos decir, moral, de si emular el papel de un mendigo, un ciego, un yonqui que despierta la compasión de la gente, es lícito tratándose de una mentira. Porque el teatro es una mentira que habla de la realidad o de la ficción, pero el observador es consciente de ello. Yo creo que tiene que serlo. Es una paradoja que “Noviembre” predique libertad cuando se la roban al espectador negando su derecho a saber. Ésta mi gran crítica se vuelve rotunda cuando los actores se deciden a representar Atentado, una imitación excelente del terrorismo de ETA. Hay víctima y verdugo, sólo que las víctimas son los espectadores que pasaban por la escena – una calle de Madrid – sin ser avisados de que lo que iban a presenciar, era una mentira. Y esto, aunque el espíritu de Noviembre lleve a creer lo contrario, es peligroso. Conmueven los principios que mueven al grupo; la vitalidad dada y renovada por su hermano a Alfredo, el protagonista; el idealismo que desborda… pero, siempre hay un “pero”. El fin, que podría ser, cambiar el mundo, ¿justifica los medios ?

La película conduce al espectador por un camino que termina en precipicio. Con la cabeza llena de preguntas sin respuestas como la anterior, el público se enfrenta al último desafío de Noviembre: Teatro Real. La obra Atentado les había cobrado la libertad de opinión y expresión en la calle, según sentencia judicial. Pero ellos no se rinden : siguen al pie de la letra la prohibición y planean actuar en el Teatro Real, un lugar cerrado. Con los párpados negros, la tez blanca, los labios de un rojo vivo, interrumpen el espectáculo para reivindicar su forma de hacer teatro y el derecho a creer en lo que hacen . Alfredo está colgado en un trapecio cuyo movimiento pendulante nos marea en las butacas. Grita que busca “un arte más libre, hecho con el corazón, capaz de hacer que la gente se sienta viva”. Saca un arma y un disparo le alcanza cuando él aprieta el gatillo y brota una flor. El final se precipita; con un nudo en la garganta puede leerse : “el teatro es un arma cargada de futuro”. Otra pregunta : ¿supieron ellos utilizarla?

Lo que a mi me parece indiscutible es que Achero Mañas si sabe utilizar las técnicas del cine. Desde mi ignorancia acerca de las mismas, puedo decir que al menos creo que ha conseguido transmitir lo que se proponía. Cuando quería hacer temblar al espectador acotaba en un plano medio o primer plano largo la figura del personaje que contaba su intimidad, con el fondo negro, y sin música de fondo, con un silencio aterrador, que permitía escuchar el temblor de la voz, las ganas de llorar. Si los que hablaban a la cámara eran los integrantes de “Noviembre”, ya mayores, en el 2040, utilizaba más o menos la misma técnica, evitando así toda posible distracción alimentada por la curiosidad de un espectador que vive en el 2003. Y es que la película presenta el formato de un documental, hilado por las declaraciones de los chicos de la compañía que ya son hombres y mujeres maduros. Los recuerdos conectan el pasado y el presente, y cada uno de los personajes aparece a medida que avanza la película y la formación del grupo, lo cual armoniza el ritmo.

Hay algunos momentos del film que no puedo olvidar por su fuerza expresiva, a veces, cargada de sorpresa, como el comienzo, que coincide con el final, el disparo de Alfredo con un arma que escupe flores; otras veces, emotivas, como la representación con marionetas que realiza al llegar a la escuela de arte; recuerdo también la fotografía de las posturas que los cuerpos desnudos formaban sobre la cama, tomada desde arriba, mientras tenía lugar una conversación en murmullos sobre el teatro…

Parte del atractivo de la película lo conforma el hecho de que muchas de las escenas de la calle fueran grabadas con cámara oculta, y por tanto, ofrezcan el comportamiento humano tal cual es, sin maquillaje.

Para mí, “Noviembre” es actualidad. Es la búsqueda de un medio, en este caso, el arte, para expresarse y opinar, y hacer que otros reaccionen a nuestras provocaciones, que no son banales, sino basadas en problemas e inquietudes reales. Está bien, es idealismo. Pero, como sentencia Achero Mañas, “la falta de idealismo nos está matando”. ¿Que hay de malo en que sea esto lo que nos empuje a querer cambiar el mundo ? El escepticismo sólo nos conduce a encarar la televisión desde nuestro sofá.

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