Facebook: ¿rey de reyes?

Rey de reyes y red de redes: ese es Facebook. No lo decís vosotros, no lo digo yo, no lo dice David Fincher al titular así su película sobre el nacimiento de “la red social”, sino que lo atestiguan los 900 millones de usuarios que generan 3,2 billones de “me gusta” al día. Así es que, una vez despejada toda inconsistente duda sobre su hegemonía, es pertinente preguntarse el por qué de su éxito.

Mi respuesta pasa por Narciso, Dorian Gray y hasta Freud con su pulsión escópica: es decir, el deseo de mirar y de ser mirado. En esas siete palabras, en mi opinión, radica la fuerte fascinación que produce la red favorita de medio mundo.

FacebookQuienes hayan visto el filme de Fincher, que cuenta el nacimiento de Facebook, enseguida relacionarán esta terminología psicoanalítica con el primigenio site que Zuckerberg creó, antes de dar a luz su multimillonaria web: FaceMash.com, un sitio en el que se podía votar a las estudiantes universitarias en función de su belleza y eliminar a la menos agraciada según el criterio del individuo. Suena cruel pero, ¿quién no ha pasado tiempo viendo fotos de amigos, familiares, compañeros de trabajo, conocidos de conocidos y hasta desconocidos por el mero hecho de “pasar el rato” (como eufemismo de criticar o curiosear en el mejor de los casos)?

Seguro que en el imaginario común de casi todos vosotros está el inquietante momento de la película “Tesis” en que Ana Torrent se asoma, guiando la cámara, a las vías del metro, donde acaba de suicidarse una persona que nunca llegamos a ver. Esa pulsión me ayuda a explicar lo que pasa por la cabeza de los usuarios de FB que se conectan una y otra vez, de forma casi compulsiva, a la red, iniciando sesión varias veces durante el día. ¿Qué nos lleva a consultar FB de modo insistente? Algunos incluso reconocen que “lo dejan todo el día abierto, por si acaso, como método de control, para saber qué está pasando”. Un amigo lo describía así en su muro: “Inspired again… What to do with all this inspiration?! Facebook is the answer! Guys, do like, like, like!”.

Por tanto, Facebook es la respuesta a una necesidad 2.0 de compartir, exhibir, curiosear, aprobar y ser aprobado. Es el eco de la vida, un blog personal que ve todo el mundo sí o sí, dado que lo que escribimos en nuestro muro se convierte en “noticia” en la medida en que otros nos leen y nos replican. Pero, además, FB es adictivo. Ese es otro de sus fuertes. El 2 de febrero de 2012 Europapress publicaba la siguiente noticia: “Facebook y Twitter, más adictivos que el alcohol y el tabaco”. El artículo, basado en un estudio realizado por la Booth School of Business de la Universidad de Chicago sobre 250 personas, afirmaba que “dormir y el sexo son los dos deseos más anhelados durante el día pero acceder a las redes sociales y el trabajo son los más difíciles de resistir y más fáciles de satisfacer”.

De modo que estamos enganchados. ¿Lo estaremos para siempre o Facebook acabará por verse sustituido por otra “moda” dentro de unos años? Se ha hablado en el i-like-432493_1280foro sobre la caída de Myspace y yo creo que no es el único hit que ha dejado de serlo. Por ejemplo, el Messenger, la red de mensajería Windows Live, ya no es lo que era. La pregunta de “¿Tienes Messenger?” se ha reemplazado por “¿Tienes Facebook?” o, directamente, “Dame tu FB y te busco”. De hecho, este no es el único ejemplo que ilustra el poder de transformación que ha tenido Facebook en nuestra sociedad, tal vez en una generación. Sin ir más lejos, ha logrado acuñar fraseología que determinados sectores usan a diario al comunicarse entre sí: “Soy fan”, “Me hago fan” y “Me gusta” con el pulgar hacia arriba inundan las conversaciones de los adolescentes.

FacebookNo soy familiar de Zuckerberg como mi apellido bien indica, pero seguramente soy tan optimista como él en augurarle larga vida a Facebook. Pese a los riesgos que Esther Mucientes Lozano citaba en el debate, creo que la red de redes está pertrechada para sobrevivir a cualquier cambio. Es fascinante cómo se postula a sí misma, como si fuera una religión o un bien de primera necesidad: “La misión de Facebook: hacer que las personas puedan compartir y hacer del mundo un lugar más abierto y conectado”. Y, por supuesto, cómo se protege ante todo: “Las características del producto pueden cambiar sin previo aviso”, reza en todos los manuales de la compañía.

Un gigante que no para de comprar patentes, “hacer clientes” en todos los continentes y hasta promueve que donemos órganos y lo indiquemos entre nuestro estado sentimental y la última canción que escuchamos en Spotify está demasiado presente en nuestras vidas como para desaparecer.

Además, el producto es realmente bueno. ¿Bondades? Para el usuario es una extraordinaria herramienta por muchos motivos:

– sirve de agenda para todos aquellos eventos que no queremos perder, gracias a la función de “Me gusta” sobre marcas;

– permite recibir ofertas exclusivas, descuentos, sorteos, recompensas, sin demandar casi nada a cambio;

– nos conecta de un modo inmediato con nuestro entorno sin realizar esfuerzos y mantiene las relaciones activas a golpe de “clics” (“Dale un toque a fulanito que hace mucho que no hablas con él”, por ejemplo), además de hacer las veces de “guía telefónica”, puesto que encontrar “al otro” ya no es una labor detectivesca;

– ofrece un chat que poco tiene que envidiarle al clásico msn;

– permite preguntar o reclamar directamente en el muro de las empresas;

Para la empresa Facebook es un gran recurso de marketing, por no decir uno de los más potentes hoy en día, sobre todo por su capacidad de fidelizar al cliente, conocerlo y atenderlo con exclusividad.

¿Debilidades? Su carácter excesivamente intrusivo es una de las características que más suspicacias despiertan, pese al abanico de posibilidades que tenemos para aumentar la privacidad y cercar nuestro perfil.

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